Devuélveme mis versos,
aquellos que cogiste sin permiso,
que te llevaste a través de lágrimas y besos.
Devuélveme la canción,
para que no deje ese extraño vacío
que se convirtió en eco y ruido.
Pero no hay sonido,
que quite la pena
a este corazón dolorido.
Devuélveme la sonrisa,
esa que solo brillaba para ti
esa que ahora es nube escarchada
que adormece la bestia
de lo que un día fue alegría.
Devuélveme la voz,
y gritaré al mundo el daño que me hiciste
el demonio bello
en el que te convertiste.
Y por último, una cosa más,
aquella que te llevaste a escondidas,
la que nos hacía reír y llorar,
de las que solíamos hablar
con cierta melancolía
Devuélveme la poesía,
porque este burdo poema
no explica
lo que sin ti es la vida.