Dame tus manos heladas. Las calentaré entre las mías. No tengas miedo; nunca podría hacerte daño. Ya sé lo que dicen de 'nunca digas nunca' pero es en serio: moriría antes de herirte ese músculo que se encuentra encerrado en tu caja torácica. Me gusta llamarla la caja de las sorpresas, porque nunca sabes lo que te vas a encontrar. Esa frase me recuerda a esa película sobre aquel muchacho tan listo que todo el mundo lo creía tonto. Recuerdo que te enjugaste una lágrima mientras creías que no te miraba.
Pero créeme, no podía dejar de mirarte.
Me gustaba la forma en que tus pestañas se volvían espinas tras la lluvia. A veces parpadeabas demasiado rápido, como si quisieras borrar un mal recuerdo o como si pensases que así las cosas pasarían más deprisa. No tengas prisa, me hubiese gustado decirte, la vida sabe mejor si la saboreas.
Tenías ese gesto, sí, ese de la comisura izquierda de tu carnosa boca hacia arriba. Muchas lo veían seductor, picante.
Yo lo veía tierno, tu intento de contener una sonrisa ante cualquier cosa nimia de la vida, tu intento de parecer un tipo duro cuando quizá has sido la persona más emocional que he conocido nunca.
Otra vez, 'nunca digas nunca'. Otra vez, me arriesgo a decirlo.
No puedo decir que eras perfecto, porque tú y yo sabemos que no lo eras. Eras terco como una mula y orgulloso como un pavo real. Recuerdo nuestras peleas. Peleábamos por todo, y parecíamos estar gustosos de ello. Debo confesar que cada poro de mi maltrecho ser nunca dejó de amarte durante esos infernales minutos que me supieron a paraíso.
Ahí está otra vez, nuestro querido nunca.
Te propongo un nuevo mantra: Ahora y siempre. Debes utilizarlo con las cosas que te llenan, con las que te hacen feliz, con las que provocan que tu comisura izquierda se alce. Vive tu vida, ahora y siempre.
No, no llores por favor, Yo he cumplido la promesa que me hice a mí misma. Un artista no puede destruir la obra que ama sin antes destruise a sí mismo. Ya sé que son mis manos las que están helándose y ya sé que soy yo la que tendría que tener miedo. Pero no lo tengo porque sé que tu estás bien. Recuerda que te amo. Nunca podría hacerte daño.
Por eso es que prefiero morir antes que hacerlo.
Ahora y siempre.