Prometo que será corto. Mis caídas
emocionales son algo que no sé cómo curar. Llevamos diecisiete días
de 2017 y todos ellos he estado bien, siendo optimista conmigo misma
y mis decisiones. Incluso esta mañana me desperté de buen humor.
Pero poco he tardado en volver a recordar lo peor de mí. Mi parte
más oscura ha llegado festejando y ahora me siento insegura sobre
tantas cosas. Vuelvo a ahogarme y no sé cómo salir. Regresan los
complejos, los malestares, los arrepentimientos. Y sobretodo, las
preguntas. ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Es esto lo que realmente
deseo? ¿O puede que mañana me levante y quiera otra cosa?
Poetizan sobre el estar perdido y el
caos. Os diré algo: no es bueno, no es bonito no saber quién eres,
a qué te quieres dedicar el resto de tu vida, no saber si cumplirás
tus sueños alguna vez.
Estas caídas suelen ser breves, pero
siempre están ahí, vigilando. Así que lo he transformado en un
juego: las ignoro, pongo mala cara al resto del mundo y cuando me
encierro en mi habitación, lloro. Y lo suelto todo. Y me odio por
hacerme daño.
Pero he decidido que este año ante
todo, voy a ser positiva y voy a pelear. Así que ahora cuando suba
esto, me lavaré la cara, me miraré al espejo y diré: todo va a
salir bien. Depende de ti salvarte.