miércoles, 31 de agosto de 2016

Pásame la gasolina. Es un viaje solo de ida

Me creíste un ángel cuando gritaste como loco lo de volar
Nos saldrán alas, prometiste.
Mentiras

Soy la realidad hecha disparate,
de algún suicida poseedor de varias balas.
La que tiró la piedra y se cortó la mano
La mano que mecía tu cuna de placer

Soy el juguete roto de la niña que nunca tuvo infancia.
El velo que tapa los ojos a aquel que no quiere saber.
Soy el cuchillo que destripa a sabiendas de que está matando
Y se está dejando matar

Soy la protagonista de todas las nanas que te cantaron cuando eras pequeñx
Soy el monstruo de tus pesadillas
La que dijo: las hadas no existen
solo para ver como cientos de ellas caían

Soy polvo. Del que echas en un baño, del que se cuela entre tus muebles
y esnifas en tu nariz justo antes de morir de sobredosis.
Soy pólvora.
Y te prometo
que si me enciendes,
saldremos volando.

A los planes se les han roto las alas. A nosotros, también.

Las cosas nunca salen como planeamos.

Eso es un hecho verídico para todo el mundo. Y sin embargo, seguimos ahí, trazando nuevos planes de un futuro muy presente, pese a la decepción, el mal trago y la desilusión.

Las cosas nunca salen como planeamos.

Porque a veces, son mejores. La cuesta se convierte en montaña rusa, la mueca se transforma en sonrisa y el mal trago es en realidad un chupito de tequila en una fiesta de la que nunca quieres irte. Acelera, las únicas curvas son las de tu cuerpo contra el mío.

Sí, los mejores planes: los improvisados. O eso dicen. De esos que salen entre risas, como una broma privada. Los ojos se abren de par en par. Podría ser buena idea. Es una locura. Y, ¿por qué no? Hagámoslo, grita finalmente la euforia.

Las cosas nunca salen como planeamos, aunque siempre podemos improvisar. Sin embargo, a veces no pasa nada. La libreta de ideas está en blanco, los planes se quedan en ese hueco de la cabeza. Sí, ese hueco que reservas para tus sueños más descabellados. Pasas de consumir euforia o ira a ser consumido por el tiempo.

Tic
Tac
Tic
Tac.


Está pasando. Tu vida. Y se va sin ti.

La peor sensación de todo esto es ser consciente de ello. Encerradx en tu habitación, viendo fotos de lo que querrías hacer, de todos los lugares que querrías ver, pero no puedes.

O lo que es más triste: no te atreves.