miércoles, 22 de octubre de 2014

Crónicas de una muerte no anunciada

''Mírame, estoy aquí. He oído tu llanto desde el final del pasillo. 
Me has despertado.
Tranquilo, vengo a hacerte compañía, a calmar tus pesadillas, ¿me dejas que me tumbe aquí contigo?
Desde hace tiempo te noto extraño. Las comisuras de tus labios ya no apuntan al cielo y tu mirada, del color de las almendras en el mes de octubre, ha perdido ese brillo tierno. 
Ya sabes que puedes contarme qué te pasa. A veces, me da la sensación de que no existo para ti. 
Eso me duele.
Tu tono está adquiriendo un tono pálido. Te beso, un agridulce contacto de mis labios contra la fría piel de tu cuello. Tengo la certeza de que termines confiando en mi. Al fin y al cabo, una vez que vienes, ya no puedes volver atrás. 
Ahora mismo no lo entiendes, pero no pasa nada. Tenemos tiempo, toda una vida. Aunque, bueno, yo a esto no lo llamaría vida.
Me abrazo más a ti, mientras la luz de tus ojos se apaga. Lo he visto tantas veces que me siento vacía una vez que he absorbido esa luz.
Lo siento, pero no puedo remediar lo que soy.
Te cierro lentamente los párpados, fingiendo que estás sumido en un sueño eterno. 
Una pequeña lágrima de plata surca mi mejilla. Me aparto de ti y me alejo hacia la puerta. 
Ya he hecho mi trabajo.''

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